CAPITULO 56. CONTROL DE LA FUNCIÓN MOTORA POR LA CORTEZA Y EL TRONCO DEL ENCÉFALO.

La corteza motora está situada por delante del surco cortical central, ocupa el tercio posterior de los lóbulos frontales. La corteza motora se divide en tres subáreas: la corteza motora primaria, el área premotora, y el área motora suplementaria.

La corteza motora primaria ocupa la primera circunvolución de los lóbulos frontales por delante del surco central o cisura de Rolando. Comienza desde su zona más lateral situada en el surco lateral o cisura de Silvio, se extiende hacia arriba hasta la porción más superior del cerebro y a continuación desciende por la profundidad de la cisura longitudinal. La mitad de toda la corteza motora primaria se encarga de controlar los músculos de las manos y del habla.

El área premotora, se extiende hacia abajo en dirección al surco lateral y hacia arriba en dirección a la cisura longitudinal, Las señales nerviosas generadas en esta área producen patrones de movimiento mucho más complejos que los patrones puntuales originados en la corteza motora primaria. La parte más anterior del área premotora crea antes una imagen motora del movimiento muscular total que vaya a efectuarse, en la corteza premotora posterior, dicha imagen excita cada patrón sucesivo de actividad muscular necesario para su realización, por último, esta porción posterior de la corteza premotora envía sus impulsos directamente a la corteza motora primaria para activar músculos específicos o a través de los ganglios basales y el tálamo hasta regresar a la corteza motora primaria.

El área de Broca es un área premotora designada con la expresión para formación de las palabras, esta ubicada delante de la corteza motora primaria y por encima del surco lateral. Por encima del área de Broca existe un punto encargado de controlar los movimientos voluntarios de los ojos.

Por medio del fascículo corticoespinal o vía piramidal se transmiten las señales motoras desde la cabeza hasta médula espinal. Este fascículo, sale de la corteza, atraviesa el brazo posterior de la cápsula interna y después desciende por el tronco del encéfalo, formando las pirámides del bulbo raquídeo. La mayoría de las fibras piramidales cruzan a continuación hacia el lado opuesto en la parte inferior del bulbo y descienden por los fascículos corticoespinales laterales de la médula, terminan en las interneuronas de la sustancia gris medular. Los fascículos corticoespinales ventrales se forman cuando las fibras no cruzan hacia el lado opuesto en el bulbo raquídeo.

El núcleo rojo, en el mesencéfalo, funciona en íntima asociación con la vía corticoespinal, a través del fascículo corticorrúbrico llegan fibras directas desde la corteza motora primaria. Estas fibras hacen sinapsis en la parte inferior del núcleo rojo, su porción magnocelular. Después se da origen al fascículo rubroespinal, que cruza hacia el lado opuesto en la parte inferior del tronco del encéfalo y sigue un trayecto justo adyacente a la vía corticoespinal por delante de ella hacia las columnas laterales de la médula espinal

Control de las funciones motoras por el tronco del encéfalo.

El tronco del encéfalo está formado por el bulbo raquídeo, la protuberancia y el mesencéfalo, encarga de muchas funciones de control especiales como:

Los núcleos reticulares se dividen en dos grupos principales:

 1) núcleos reticulares pontinos, con una situación un poco posterior y lateral en la protuberancia y que se extienden hacia el mesencéfalo.

2) núcleos reticulares bulbares, que ocupan toda la longitud del bulbo, en una posición ventral y medial cerca de la línea media.

Sensaciones vestibulares y mantenimiento del equilibrio.

El aparato vestibular, es el órgano sensitivo encargado de detectar la sensación del equilibrio. Se encuentra encerrado en un sistema de tubos y cavidades óseas situado en el laberinto óseo que es la porción petrosa del hueso temporal. El laberinto membranoso es el componente funcional del aparato vestibular y está formado por: tres conductos semicirculares (anterior, posterior y lateral) y dos grandes cavidades, el utrículo y el sáculo, las cuales estas cavidades sirven para detectar la orientación de la cabeza con respecto a la gravedad.

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Utrículo y el sáculo se encargan del mantenimiento del equilibrio estático: facilitan un buen funcionamiento para conservar el equilibrio si la cabeza está en posición casi vertical.

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